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Microbiota intestinal y sistema endocannabinoide

3 junio 2026

Figuras del artículo

Eje microbiota–intestino–cerebro y sistema endocannabinoide
Fig. 1. Representación esquemática del eje microbiota–intestino–cerebro. La microbiota intestinal interactúa con el sistema nervioso entérico, el nervio vago, el sistema inmunitario y el sistema endocannabinoide, formando una red de comunicación bidireccional que contribuye al mantenimiento de la homeostasis fisiológica.
Fig. 2. Representación esquemática del eje microbiota–intestino–cerebro. La microbiota intestinal interactúa con el sistema nervioso entérico, el nervio vago, el sistema inmunitario y el sistema endocannabinoide, formando una red de comunicación bidireccional que contribuye al mantenimiento de la homeostasis fisiológica.
Fig. 3. Imagen representativa de comunidades bacterianas intestinales observadas mediante microscopía electrónica. El intestino humano alberga uno de los ecosistemas microbianos más densos y diversos conocidos, compuesto por billones de microorganismos que participan en funciones metabólicas, inmunológicas y fisiológicas.
Fig. 4. Distribución esquemática de componentes del sistema endocannabinoide en el tracto gastrointestinal. Los receptores CB1 predominan en neuronas entéricas y estructuras neuroepiteliales, mientras que CB2 se encuentra principalmente asociado a células inmunitarias presentes en la mucosa intestinal. Estas localizaciones permiten la integración funcional entre microbiota, inmunidad y fisiología digestiva.

Introducción

La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos —bacterias, arqueas, virus, hongos y otros microbios— que habitan el tracto gastrointestinal y participan en procesos esenciales como la digestión, el metabolismo de nutrientes, la maduración inmunitaria, la integridad de la barrera intestinal y la comunicación bidireccional entre intestino y sistema nervioso. En las últimas décadas ha pasado de considerarse un ecosistema pasivo a entenderse como un componente funcional de la fisiología humana. (Sender et al., 2016; Lynch & Pedersen, 2016).

Dentro de este contexto, el sistema endocannabinoide intestinal aparece como una red reguladora clave en la homeostasis digestiva. Sus componentes —receptores cannabinoides, endocannabinoides como anandamida y 2-AG, enzimas metabólicas y mediadores relacionados del endocannabinoidoma— se expresan en células epiteliales, neuronas entéricas, células inmunes y tejidos metabólicos asociados al intestino. Esta distribución permite modular motilidad, sensibilidad visceral, secreción, inflamación, permeabilidad intestinal y respuesta al estrés. (Sharkey & Wiley, 2016; Di Marzo & Piscitelli, 2015).

La relación entre microbiota y sistema endocannabinoide no es unidireccional, sino un eje de comunicación recíproca. La composición microbiana puede influir en el tono endocannabinoide intestinal, mientras que la señalización endocannabinoide puede modificar la barrera epitelial, la inflamación local, el metabolismo energético y el entorno ecológico donde viven los microorganismos. Por eso, en literatura reciente se habla cada vez más del eje microbiota–endocannabinoidoma como una interfaz entre nutrición, inmunidad, metabolismo y sistema nervioso. (Cani et al., 2016; Iannotti & Di Marzo, 2021; Wang et al., 2025).

Este eje también se integra dentro del llamado eje intestino-cerebro, una red de comunicación bidireccional que conecta microbiota, sistema nervioso entérico, nervio vago, sistema inmune, eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y señales endocrinas. En este marco, el sistema endocannabinoide actúa como modulador de respuestas al estrés, sensibilidad visceral, inflamación intestinal y adaptación metabólica, conectando fenómenos locales del intestino con respuestas sistémicas. (Cryan & Dinan, 2012; Sharkey & Wiley, 2016; Srivastava et al., 2022).

La investigación actual no presenta la microbiota ni el sistema endocannabinoide como “soluciones” aisladas, sino como redes dinámicas dependientes de dieta, actividad física, estrés, sueño, fármacos, edad, genética y estado fisiológico. Esta complejidad obliga a interpretar los hallazgos con prudencia: gran parte de la evidencia procede de modelos animales, estudios mecanísticos y asociaciones humanas, mientras que la traslación clínica requiere ensayos controlados y una caracterización más precisa de perfiles microbianos, mediadores lipídicos y contextos individuales. (Turnbaugh et al., 2007; Jansma et al., 2021; Srivastava et al., 2022).

Historia

El interés científico por la microbiota intestinal tiene raíces antiguas. A finales del siglo XIX y principios del XX, investigadores como Élie Metchnikoff propusieron que determinados microorganismos intestinales podían influir en la salud humana y en el envejecimiento. Aunque muchas de sus hipótesis eran especulativas para los estándares actuales, introdujeron la idea de que los microorganismos residentes del intestino podían desempeñar funciones biológicas relevantes más allá de la simple digestión. (Metchnikoff, 1907; Lynch & Pedersen, 2016).

Durante gran parte del siglo XX, el estudio de la microbiota estuvo limitado por las técnicas de cultivo microbiológico. La mayoría de microorganismos intestinales no podían cultivarse fácilmente en laboratorio, por lo que el conocimiento sobre su diversidad era incompleto. Esta limitación comenzó a superarse con la aparición de herramientas de biología molecular basadas en la secuenciación del gen ARNr 16S y posteriormente con la metagenómica, permitiendo identificar miles de especies microbianas sin necesidad de cultivarlas. (Eckburg et al., 2005; Human Microbiome Project Consortium, 2012).

Un punto de inflexión se produjo en la década de 2000 con el lanzamiento del Human Microbiome Project, iniciativa destinada a caracterizar las comunidades microbianas asociadas al cuerpo humano. Los resultados mostraron que el intestino alberga uno de los ecosistemas microbianos más complejos conocidos y que las variaciones en su composición podían asociarse con múltiples procesos fisiológicos y patológicos. (Human Microbiome Project Consortium, 2012).

Paralelamente, el conocimiento sobre el sistema endocannabinoide avanzó rápidamente tras el descubrimiento del receptor CB1 en 1990 y de la anandamida en 1992. Inicialmente se consideró una red neurobiológica relacionada principalmente con el sistema nervioso central, pero investigaciones posteriores demostraron que también desempeña funciones relevantes en intestino, tejido adiposo, hígado, sistema inmune y metabolismo energético. (Matsuda et al., 1990; Devane et al., 1992; Pertwee, 2015).

A partir de la década de 2010 comenzaron a aparecer estudios que relacionaban directamente microbiota intestinal y señalización endocannabinoide. Diversos trabajos observaron que alteraciones en la composición microbiana podían modificar los niveles de endocannabinoides, la expresión de receptores cannabinoides y la permeabilidad intestinal. A su vez, la modulación farmacológica o genética del sistema endocannabinoide influía sobre procesos inflamatorios, metabólicos y barreras mucosas estrechamente vinculados al entorno microbiano. (Muccioli et al., 2010; Cani et al., 2016).

En años recientes ha surgido el concepto de endocannabinoidoma, una ampliación del sistema endocannabinoide clásico que incluye numerosos mediadores lipídicos relacionados, receptores adicionales y rutas metabólicas interconectadas. Este marco ha permitido comprender mejor la compleja comunicación entre microbiota, inmunidad, metabolismo y sistema nervioso, consolidando la idea de un eje microbiota–endocannabinoidoma como área emergente de investigación biomédica. (Di Marzo & Piscitelli, 2015; Iannotti & Di Marzo, 2021).

Hoy en día, la microbiota intestinal constituye uno de los campos más activos de la fisiología moderna. El estudio conjunto de microbiota, sistema endocannabinoide y eje intestino-cerebro representa una de las líneas de investigación más prometedoras para comprender cómo los microorganismos residentes participan en la regulación sistémica de la homeostasis humana. (Cryan et al., 2019; Iannotti & Di Marzo, 2021).

Organización y distribución del sistema endocannabinoide

El tracto gastrointestinal contiene una de las mayores concentraciones periféricas de componentes del sistema endocannabinoide fuera del sistema nervioso central. Receptores cannabinoides, endocannabinoides y enzimas metabólicas se distribuyen a lo largo de toda la pared intestinal, formando una red reguladora integrada capaz de responder a estímulos nutricionales, inmunitarios, neuronales y microbianos. Esta organización permite al sistema endocannabinoide participar en el mantenimiento de la homeostasis intestinal y en la adaptación frente a cambios del entorno luminal. (Sharkey & Wiley, 2016; Pertwee, 2015).

Sistema nervioso entérico

Una parte importante de la señalización endocannabinoide intestinal se localiza en el sistema nervioso entérico, la extensa red neuronal que controla gran parte de la actividad digestiva de forma autónoma. Los receptores CB1 se expresan ampliamente en neuronas de los plexos mientérico y submucoso, donde regulan la liberación de neurotransmisores implicados en la motilidad intestinal, la secreción y la percepción visceral. Esta distribución convierte al SEC en un modulador directo de la actividad neurogastrointestinal. (Coutts & Izzo, 2004; Sharkey & Wiley, 2016).

Epitelio intestinal y barrera mucosa

Las células epiteliales que recubren el intestino también expresan componentes del sistema endocannabinoide. Enterocitos, células caliciformes y otros tipos celulares participan en la síntesis y degradación de mediadores endocannabinoides que contribuyen al mantenimiento de la barrera intestinal. Esta estructura constituye la principal interfaz física entre el organismo y la microbiota residente, permitiendo controlar el paso de nutrientes, metabolitos y microorganismos. (Muccioli et al., 2010; Cani et al., 2016).

Tejido inmunitario asociado al intestino

Una proporción significativa del sistema inmunitario humano se encuentra asociada al tracto gastrointestinal. Macrófagos, células dendríticas, linfocitos y otras poblaciones inmunes expresan receptores cannabinoides, especialmente CB2. A través de esta distribución, el SEC participa en la regulación de respuestas inmunitarias locales, producción de citocinas y mantenimiento de la tolerancia frente a microorganismos comensales. (Cabral & Griffin-Thomas, 2009; Klein, 2005).

Endocannabinoides intestinales

Los principales endocannabinoides identificados en el intestino son la anandamida (AEA) y el 2-araquidonilglicerol (2-AG). Ambos se sintetizan localmente en respuesta a señales fisiológicas y actúan como mediadores lipídicos de corta duración. Sus concentraciones pueden variar en función de factores como la dieta, el estado inflamatorio, el estrés, la composición microbiana o la disponibilidad energética. (Di Marzo, 2008; Iannotti & Di Marzo, 2021).

Enzimas metabólicas

La señalización endocannabinoide intestinal está regulada por enzimas responsables de la síntesis y degradación de estos mediadores. Entre las más estudiadas destacan FAAH (fatty acid amide hydrolase) y MAGL (monoacylglycerol lipase), encargadas de degradar anandamida y 2-AG respectivamente. La actividad de estas enzimas determina la intensidad y duración de la señalización endocannabinoide en tejidos digestivos. (Cravatt et al., 2001; Dinh et al., 2002).

Relación con la microbiota intestinal

La microbiota reside principalmente en la luz intestinal y sobre la capa mucosa que recubre el epitelio. Aunque los microorganismos no forman parte estructural del sistema endocannabinoide, mantienen una interacción funcional constante con él. Metabolitos bacterianos como los ácidos grasos de cadena corta, derivados del triptófano y otros compuestos bioactivos pueden influir en la expresión de receptores cannabinoides, en la síntesis de endocannabinoides y en la función de la barrera intestinal. (Muccioli et al., 2010; Cani et al., 2016; Srivastava et al., 2022).

Eje microbiota–endocannabinoidoma

La investigación más reciente propone una organización funcional más amplia denominada endocannabinoidoma, que incluye receptores adicionales como TRPV1, PPARα, GPR55 y numerosos mediadores lipídicos relacionados con anandamida y 2-AG. Este sistema ampliado interactúa de forma estrecha con la microbiota intestinal, formando una red de comunicación capaz de integrar señales inmunológicas, metabólicas, neuronales y endocrinas. (Di Marzo & Piscitelli, 2015; Iannotti & Di Marzo, 2021).

En conjunto, la distribución del sistema endocannabinoide en neuronas entéricas, epitelio intestinal, células inmunes y tejidos metabólicos asociados permite coordinar múltiples funciones fisiológicas. La microbiota intestinal actúa como un componente ambiental permanente que influye sobre esta red reguladora y contribuye a la estabilidad del ecosistema digestivo y sistémico. (Sharkey & Wiley, 2016; Cryan et al., 2019).

Mecanismos de interacción con el sistema endocannabinoide

La relación entre microbiota intestinal y sistema endocannabinoide se basa en una comunicación bidireccional continua. Los microorganismos intestinales generan metabolitos capaces de modificar la actividad del sistema endocannabinoide, mientras que la señalización endocannabinoide regula procesos fisiológicos que condicionan el entorno donde vive la microbiota. Esta interacción constituye uno de los mecanismos más importantes para el mantenimiento de la homeostasis intestinal. (Muccioli et al., 2010; Cani et al., 2016).

Modulación de la permeabilidad intestinal

Uno de los mecanismos mejor estudiados es la regulación de la barrera intestinal. El epitelio digestivo forma una superficie selectiva que controla el paso de nutrientes y microorganismos entre la luz intestinal y el organismo. Alteraciones en esta barrera pueden aumentar la permeabilidad intestinal y favorecer la exposición del sistema inmune a componentes bacterianos. Diversos estudios han mostrado que el sistema endocannabinoide participa en la regulación de las uniones estrechas entre células epiteliales y en el mantenimiento de la integridad mucosa. (Muccioli et al., 2010; Cani et al., 2016).

La microbiota también contribuye activamente a este proceso. Los microorganismos comensales producen metabolitos capaces de fortalecer la función barrera y modular la expresión de proteínas estructurales epiteliales. Cuando se producen cambios significativos en la composición microbiana, pueden observarse modificaciones paralelas en la señalización endocannabinoide local y en la permeabilidad intestinal. (Fukui, 2016; Cani et al., 2016).

Producción de metabolitos microbianos

Las bacterias intestinales transforman componentes de la dieta en una amplia variedad de moléculas bioactivas. Entre las más estudiadas se encuentran los ácidos grasos de cadena corta como acetato, propionato y butirato. Estos metabolitos influyen sobre la actividad inmunitaria, la función epitelial y diversos sistemas de señalización celular que interactúan con componentes del endocannabinoidoma. (Silva et al., 2020; Cryan et al., 2019).

Además de los ácidos grasos de cadena corta, la microbiota participa en el metabolismo de aminoácidos, ácidos biliares y compuestos derivados del triptófano. Estas moléculas pueden actuar sobre receptores metabólicos e inmunitarios relacionados funcionalmente con el sistema endocannabinoide, ampliando la complejidad de la comunicación entre microorganismos y huésped. (Agus et al., 2018; Iannotti & Di Marzo, 2021).

Regulación inmunitaria

El intestino contiene una de las mayores concentraciones de tejido inmunitario del organismo. El sistema endocannabinoide contribuye a modular la actividad de células inmunes intestinales mediante receptores CB2 y otras dianas relacionadas. Esta regulación participa en el equilibrio entre tolerancia inmunológica frente a microorganismos comensales y capacidad defensiva frente a patógenos. (Cabral & Griffin-Thomas, 2009; Klein, 2005).

La microbiota influye constantemente sobre este sistema mediante la liberación de señales microbianas que condicionan la maduración y actividad del sistema inmunitario. Como consecuencia, los cambios en la composición bacteriana pueden modificar indirectamente la señalización endocannabinoide asociada a procesos inflamatorios locales. (Belkaid & Hand, 2014; Cryan et al., 2019).

Comunicación con el sistema nervioso entérico

La microbiota y el sistema endocannabinoide convergen también sobre el sistema nervioso entérico, responsable del control autónomo de gran parte de la actividad digestiva. Los receptores CB1 presentes en neuronas entéricas modulan la liberación de neurotransmisores implicados en motilidad, secreción y sensibilidad visceral. Paralelamente, metabolitos microbianos y señales derivadas de bacterias intestinales pueden influir en la actividad neuronal local. (Sharkey & Wiley, 2016; Furness, 2012).

Esta integración permite que modificaciones en el ecosistema microbiano se traduzcan en cambios funcionales del comportamiento digestivo. Por ello, la interacción microbiota–SEC se considera una pieza relevante dentro de la regulación fisiológica intestinal. (Cryan et al., 2019; Srivastava et al., 2022).

Integración en el eje intestino-cerebro

Uno de los aspectos más estudiados actualmente es la participación conjunta de microbiota y sistema endocannabinoide en el eje intestino-cerebro. La información generada en el intestino puede alcanzar el sistema nervioso central a través de vías neuronales, inmunológicas, endocrinas y metabólicas. El nervio vago, las citocinas inmunitarias, hormonas relacionadas con el estrés y metabolitos microbianos forman parte de esta red de comunicación bidireccional. (Cryan & Dinan, 2012; Mayer et al., 2015).

El sistema endocannabinoide actúa como un modulador transversal dentro de estas vías, participando en procesos relacionados con la adaptación al estrés, el metabolismo energético, la función gastrointestinal y la homeostasis neuroinmunológica. Esta posición estratégica ha convertido al eje microbiota–endocannabinoidoma en una de las áreas más activas de investigación fisiológica contemporánea. (Di Marzo & Piscitelli, 2015; Iannotti & Di Marzo, 2021).

Influencia de la dieta

La dieta constituye uno de los principales factores que modulan simultáneamente microbiota y sistema endocannabinoide. Los patrones alimentarios alteran la composición bacteriana intestinal y pueden modificar la disponibilidad de precursores lipídicos implicados en la síntesis de endocannabinoides. Como resultado, ambos sistemas responden de forma coordinada a cambios nutricionales y metabólicos. (Turnbaugh et al., 2009; Cani et al., 2016).

En conjunto, la interacción entre microbiota intestinal y sistema endocannabinoide representa una red reguladora compleja donde participan barrera intestinal, inmunidad, metabolismo, sistema nervioso entérico y eje intestino-cerebro. Esta organización permite mantener la homeostasis digestiva y adaptar la fisiología del organismo a cambios ambientales y nutricionales continuos. (Cryan et al., 2019; Iannotti & Di Marzo, 2021).

Funciones fisiológicas

La interacción entre microbiota intestinal y sistema endocannabinoide participa en numerosos procesos fisiológicos relacionados con la homeostasis digestiva y sistémica. Aunque ambos sistemas poseen funciones propias, su actividad coordinada permite integrar señales procedentes de la dieta, el sistema nervioso, el sistema inmunitario y el entorno microbiano intestinal. (Sharkey & Wiley, 2016; Cryan et al., 2019).

Mantenimiento de la barrera intestinal

Una de las funciones más importantes de esta interacción es la conservación de la integridad de la barrera intestinal. El epitelio digestivo constituye una superficie altamente selectiva que permite la absorción de nutrientes mientras limita el paso de microorganismos y moléculas potencialmente perjudiciales. Tanto la microbiota comensal como el sistema endocannabinoide participan en la regulación de las uniones estrechas celulares, la producción de moco y la estabilidad del entorno mucoso. (Muccioli et al., 2010; Cani et al., 2016).

La preservación de esta barrera resulta fundamental para mantener una relación equilibrada entre el huésped y los billones de microorganismos que habitan el intestino. Alteraciones en cualquiera de estos sistemas pueden modificar la función barrera y desencadenar respuestas adaptativas locales. (Fukui, 2016; Belkaid & Hand, 2014).

Regulación de la respuesta inmunitaria

El intestino alberga una parte sustancial del sistema inmunitario humano. La microbiota participa en la maduración y educación inmunológica desde etapas tempranas de la vida, mientras que el sistema endocannabinoide modula la actividad de diversas poblaciones celulares inmunes mediante receptores CB2 y otras vías relacionadas. (Cabral & Griffin-Thomas, 2009; Belkaid & Hand, 2014).

Esta cooperación favorece el mantenimiento de la tolerancia inmunológica frente a microorganismos comensales y componentes alimentarios, al tiempo que conserva la capacidad defensiva frente a agentes potencialmente patógenos. La regulación equilibrada de estas respuestas constituye una función esencial para la homeostasis intestinal. (Klein, 2005; Cryan et al., 2019).

Control de la motilidad gastrointestinal

La actividad motora del tracto digestivo depende de complejas interacciones entre sistema nervioso entérico, señales hormonales, microbiota y sistema endocannabinoide. Los receptores CB1 presentes en neuronas entéricas participan en la modulación de la motilidad intestinal mediante el control de la liberación de neurotransmisores implicados en los movimientos peristálticos. (Coutts & Izzo, 2004; Sharkey & Wiley, 2016).

La microbiota también contribuye a este proceso mediante la producción de metabolitos capaces de influir sobre la actividad neuronal local y la función muscular intestinal. Como resultado, ambos sistemas colaboran en la regulación dinámica del tránsito digestivo. (Furness, 2012; Cryan et al., 2019).

Participación en el metabolismo energético

La microbiota intestinal desempeña un papel importante en la extracción de energía a partir de los alimentos y en la producción de metabolitos con funciones metabólicas. Paralelamente, el sistema endocannabinoide interviene en la regulación del balance energético, el almacenamiento de lípidos y la utilización de nutrientes por distintos tejidos. (Di Marzo, 2008; Turnbaugh et al., 2009).

La interacción entre ambos sistemas permite integrar señales nutricionales y metabólicas que contribuyen a la adaptación fisiológica frente a cambios en la disponibilidad energética. Esta coordinación constituye uno de los pilares del eje microbiota–endocannabinoidoma. (Cani et al., 2016; Iannotti & Di Marzo, 2021).

Comunicación intestino-cerebro

Otra función destacada es la participación en el eje intestino-cerebro. La microbiota genera señales químicas capaces de influir sobre vías neuronales, endocrinas e inmunológicas que conectan el intestino con el sistema nervioso central. El sistema endocannabinoide actúa como modulador de múltiples componentes de esta red, participando en la regulación de la respuesta fisiológica al estrés y en mecanismos de adaptación sistémica. (Cryan & Dinan, 2012; Mayer et al., 2015).

La integración de señales procedentes del intestino permite coordinar respuestas fisiológicas complejas relacionadas con el comportamiento alimentario, el metabolismo, la actividad autonómica y la homeostasis general del organismo. (Cryan et al., 2019; Srivastava et al., 2022).

Adaptación a factores ambientales

Tanto la microbiota como el sistema endocannabinoide responden de forma dinámica a factores ambientales como la dieta, el ejercicio físico, los ritmos circadianos, la edad, el estrés o la exposición a distintos compuestos bioactivos. Esta capacidad de adaptación permite ajustar continuamente la fisiología intestinal y sistémica frente a cambios del entorno. (Thaiss et al., 2016; Cryan et al., 2019).

La plasticidad funcional de ambos sistemas explica en parte por qué la composición microbiana y el tono endocannabinoide pueden variar significativamente entre individuos y a lo largo de la vida. (Lynch & Pedersen, 2016; Iannotti & Di Marzo, 2021).

Homeostasis sistémica

En conjunto, la principal función fisiológica de la interacción microbiota–sistema endocannabinoide es contribuir al mantenimiento de la homeostasis. A través de mecanismos que afectan a la barrera intestinal, la inmunidad, la motilidad digestiva, el metabolismo energético y la comunicación neurobiológica, ambos sistemas ayudan a coordinar respuestas adaptativas que permiten al organismo mantener un equilibrio dinámico frente a cambios internos y externos. (Sharkey & Wiley, 2016; Cryan et al., 2019; Iannotti & Di Marzo, 2021).

Implicaciones en investigación

La microbiota intestinal constituye actualmente uno de los campos más activos de investigación biomédica. El descubrimiento de su interacción con el sistema endocannabinoide ha ampliado significativamente la comprensión de los mecanismos que regulan la homeostasis digestiva y sistémica. Sin embargo, gran parte de este conocimiento continúa desarrollándose y muchas de las relaciones observadas permanecen en estudio. (Cryan et al., 2019; Iannotti & Di Marzo, 2021).

Microbiota y homeostasis intestinal

Numerosos trabajos han investigado cómo las alteraciones en la composición microbiana pueden influir sobre la función barrera intestinal, la actividad inmunitaria y la señalización endocannabinoide local. Estas investigaciones han permitido identificar mecanismos mediante los cuales determinados microorganismos y metabolitos bacterianos participan en la regulación fisiológica del entorno intestinal. (Muccioli et al., 2010; Cani et al., 2016).

El interés científico se centra especialmente en comprender cómo las modificaciones del ecosistema microbiano afectan a los sistemas reguladores del huésped y qué factores ambientales condicionan estas interacciones a lo largo del tiempo. (Lynch & Pedersen, 2016; Cryan et al., 2019).

Endocannabinoidoma y microbiota

La expansión conceptual desde el sistema endocannabinoide clásico hacia el endocannabinoidoma ha permitido explorar nuevas rutas de comunicación entre microorganismos intestinales y señalización lipídica. Además de CB1 y CB2, actualmente se investigan receptores como TRPV1, PPARα, GPR55 y múltiples mediadores relacionados que participan en la integración de señales metabólicas e inmunológicas. (Di Marzo & Piscitelli, 2015; Iannotti & Di Marzo, 2021).

Esta visión ampliada ha generado un marco teórico más completo para estudiar cómo la microbiota interactúa con redes fisiológicas complejas más allá del sistema endocannabinoide tradicional. (Silvestri & Di Marzo, 2013; Iannotti & Di Marzo, 2021).

Eje intestino-cerebro

La participación conjunta de microbiota y sistema endocannabinoide en el eje intestino-cerebro constituye otra importante línea de investigación contemporánea. Diversos estudios analizan cómo señales procedentes del intestino pueden modular funciones neurobiológicas mediante mecanismos neuronales, endocrinos, inmunitarios y metabólicos. (Cryan & Dinan, 2012; Mayer et al., 2015).

El objetivo principal de esta investigación es comprender mejor cómo los sistemas fisiológicos periféricos se integran con procesos reguladores centrales y cómo los cambios en el entorno intestinal pueden repercutir sobre la homeostasis del organismo en su conjunto. (Cryan et al., 2019; Srivastava et al., 2022).

Influencia de la dieta y los hábitos de vida

La dieta representa uno de los factores más relevantes en la modulación simultánea de microbiota y sistema endocannabinoide. Por este motivo, gran parte de la investigación actual se centra en estudiar cómo distintos patrones dietéticos modifican la composición microbiana, la producción de metabolitos y los mecanismos de señalización fisiológica asociados. (Turnbaugh et al., 2009; Thaiss et al., 2016).

Además de la alimentación, factores como la actividad física, el sueño, el estrés, la edad y los ritmos circadianos también son objeto de estudio debido a su capacidad para influir sobre ambos sistemas reguladores. (Cryan et al., 2019; Lynch & Pedersen, 2016).

Limitaciones de la evidencia disponible

A pesar del rápido crecimiento del campo, existen importantes limitaciones metodológicas. Una parte considerable de la evidencia procede de estudios preclínicos realizados en modelos animales o de investigaciones observacionales en humanos. La enorme diversidad individual de la microbiota dificulta además la comparación entre poblaciones y la extrapolación de resultados. (Hooker & O’Malley, 2017; Jansma et al., 2021).

Asimismo, la composición microbiana puede variar según factores geográficos, dietéticos, genéticos y ambientales, lo que añade complejidad a la interpretación de los hallazgos científicos. (Lynch & Pedersen, 2016; Cryan et al., 2019).

Perspectivas futuras

Las nuevas tecnologías de secuenciación, metagenómica, metabolómica y lipidómica están permitiendo analizar con una resolución cada vez mayor las interacciones entre microbiota, endocannabinoidoma y sistemas fisiológicos humanos. Estas herramientas facilitan la identificación de patrones funcionales y mecanismos moleculares previamente inaccesibles. (Human Microbiome Project Consortium, 2012; Iannotti & Di Marzo, 2021).

El desarrollo futuro de este campo probablemente se centrará en comprender con mayor precisión las redes de comunicación entre microorganismos y huésped, así como en definir mejor el papel fisiológico de la microbiota dentro de la regulación sistémica de la homeostasis. (Cryan et al., 2019; Wang et al., 2025).

En conjunto, la investigación sobre microbiota intestinal y sistema endocannabinoide representa una de las áreas más dinámicas de la fisiología moderna. Su estudio continúa aportando nuevas perspectivas sobre la interacción entre nutrición, inmunidad, metabolismo, sistema nervioso y equilibrio fisiológico general del organismo. (Iannotti & Di Marzo, 2021; Cryan et al., 2019).

Véase también

  1. Sistema digestivo
  2. Sistema inmune
  3. Inflamación
  4. Regulación del apetito
  5. Sistema nervioso 

Referencias

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Ficha científica
Autores: Mario González
Año: 2026
ORCID: 0009-0000-9155-0718

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